La luna inyecta sus rayos en el mar y estos emergen en forma de fantasmas para abordar a los humildes pescadores. Ellos, incautos discípulos de sus propias almas, se creen Ulises atrapados entre sirenas.
Como cigüeñas cayendo hacia el cielo sobre su presa, los espectros de la plata se abalanzan contra sus ciegos testigos que, a su vez, alzan los brazos al mar, como una madre hacia su bebé recién nacido.
Los remos y timones se escarchan mientras los mástiles se comban bajo las faldas de los barcos y los pescadores se dilatan sobre el corsé de cubierta. Espectros y fantasmas se enzarzan en un abrazo de tempestuoso resultado, quedando la mayoría de los pescadores, pescados. En las redes de sus propios temores se retuercen buscando a tientas una bocanada de cordura que parece no llegar.
De repente, el mar comienza a quebrarse a causa de los turbios tacones de la luna, que rayan su superficie. Todo se empieza a embriagar de inestabilidad y comienza a girar, una y otra vez, arrastrando a los barcos consigo. La sal oxida los goznes de las gigantescas olas que mojan las medias de popa, mientras que, en proa, los pescadores abrazan, ahogados, su respiro. Y se lanzan al mar.
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domingo, 14 de diciembre de 2014
La luna caza pescadores
viernes, 24 de octubre de 2014
El sueño de la razón produce monstruos
Voy yo solo. Es tarde. Camino por la avenida. Está totalmente desierta. No hay nadie salvo yo. No se oyen ni coches, ni grillos, ni voces... Ni siquiera el viento. Las sombras danzan junto a mi como queriendo decirme algo. O advertirme de algo...
De pronto noto que alguien va tras de mi. ¿Quién puede ser a estas horas? Me giro y no veo a nadie... Solo sombras. Y más sombras. Que raro... Juraría que... Bah. Da igual.
Sigo caminando intentando no pensar en nada. Pero el silencio profundo me irrita. Y me pone nervioso. Muy nervioso.
Aprieto un poco el paso a pesar de notar unos ojos clavados en mi nuca. Lo noto tan nítidamente detrás mía... Me paro en seco y echo un vistazo a la vacía avenida que voy dejando tras de mí. Nada. Solo sombras... O eso parece.
Estoy un poco nervioso a la vez que irritado. Quién narices será el que va detrás mia. No lo sé. Pero no me inspira confianza.
Me meto en la primera callejuela que veo. No me importa dar un rodeo con tal de alejarme de la avenida. Giro la esquina y me reciben más sombras. Esto no me gusta nada.
Acelero más el paso para alejarme de allí. Espera. Creo... Creo que he oído pasos. Pero justo ahora el viento comienza a soplar y rompe ese silencioso ruido de pisadas que he notado a mi espalda. Que oportuno el viento... Tiene que empezar a soplar justo ahora. Ni que lo hubiera hecho a propósito.
Vuelvo a darme la vuelta. Nada. Otra vez. Ya no hay ni sombras. Está toda esa parte de la calle en tinieblas. La farola está rota. Empiezo a escuchar fuertemente los acelerados latidos de mi corazón. Giro a la derecha. Y luego a la izquierda, intentando huir de allí. Lo que sea que me siga, continúa tras de mi. No me gusta nada todo esto.
Me da igual todo y echo a correr. Quiero llegar pronto a casa. Debo perder a mi perseguidor. No creo que tenga buenas intenciones.
Continúo corriendo. Mi corazón cada vez late más deprisa. Noto la adrenalina en la cabeza. Y esos ojos en mi nuca. Ya estás casi en casa... Un poco más...
Las sombras van quedándose atrás, dando protección a mi perseguidor. Continúo corriendo, cada vez más angustiado. Un poco más... Un poco más...
De golpe me desperté empapado en sudor y con dolor de garganta. Pero no conocía dónde estaba... Estaba todo a oscuras y en silencio. Ni voces. Ni grillos. Ni viento. Nada. De repente recordé la avenida. Las sombras. Mi perseguidor... Todo.
Miré a todos lados y en una pared acerté a leer: "¿Es todo esto real? ¿O solo un sueño? Recuerda: el sueño de la razón produce monstruos".
Y jamás he vuelto a salir de esa habitación en mi vida. Sed todos vosotros bienvenidos.
jueves, 25 de septiembre de 2014
La "locura" de la oruga.
- ¿Podría decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí? -preguntó Alicia con miedo infantil.
- Esto depende en gran parte del sitio al que quieras llegar.-respondió la oruga.
- No me importa mucho el sitio.
- Entonces, tampoco importa mucho el camino, ¿no crees?
- ¡Pero yo necesito salir de aquí!
- Ajá -la oruga dibujó una letra a con el humo de la pipa- ¿de verdad necesitas salir? ¿O lo que necesitas es entrar?
- ¡Ay! -se quejó Alicia abatida- Ya no se si debo entrar o salir... Pero quiero irme...
- En ese caso deberías coger el camino para irte.
- ¿Y ese camino cuál es, señor oruga?
- No lo sé. Yo llevo aquí desde siempre.
- Pero... Siempre es mucho tiempo...
- Eso porque lo dices tú -expulsó varias volutas de humo en forma de u- ¿verdad, niña?
- Ah, ya. Claro -dijo Alicia ciertamente molesta- ¿Cuánto es para siempre, según usted?
- A veces, solo un segundo, niña.
- ¡Bah! Eso es una locura.
- ¿De verdad es de locos pensar así? -hizo la letra i tras dar una calada- ¿O lo que de verdad es de locos es hablar con una oruga que fuma en pipa?
- ¿Insinúa que estoy loca?
- No por favor, niña -otra vez la letra a- Yo lo afirmo -letra o.
- ¿Cómo? -dijo Alicia molesta.
- Sí, niña. Estás loca, majareta. Pero te diré un secreto: las mejores personas lo están.
- Señor oruga. Me está poniendo muy nerviosa.
- Te estás poniendo nerviosa tú sola. -dibujó la letra a una vez más- Yo solo te estoy diciendo algunas cosas...
- ¡Me gustaría a mi decirle algunas cosas a usted! -le cortó Alicia.
- Dilas. Y cuando acabes de hablar, por favor, cállate.
Alicia en el País de las Maravillas. (Diálogo creado por mí)
miércoles, 3 de septiembre de 2014
Cuando el tiempo ya no llega
Cuando ella partió , le dijo que la esperase antes de salir por la puerta del jardín. Y él lo hizo. Esperó sin desesperar. Paciente.
Vio pasar las horas, los días y los meses. Empezó a confundir luna y sol. Agua y cielo. Arena y sal. Empezó a mezclar noches de una sola hora con días que duraban tan solo una tarde. Y perdió la noción de eso que antes llamaba tiempo.
Se convirtió en una planta más del ahora descuidado jardín. Una planta mustia y seca cuya única misión era estar allí. Esperando.
Las arrugas y las canas surgieron y ella no volvía. Surgió la demencia y el desvarío. Cantaba sin ganas como si de un réquiem se tratase. Simplemente se limitaba a cantar y esperar.
El inevitable traje de pino llegó antes que ella. Él dejó de ser una parte más de un olvidado jardín y se convirtió en polvo. Pero su espera, a diferencia de todo lo demás, jamás desapareció.
"Y la vida siguió como siguen las cosas que no tienen mucho sentido". Joaquín Sabina.
jueves, 7 de agosto de 2014
Una lágrima en la arena
El gris dominaba el mar, el cielo y su corazón. El ruido monótono de las olas murmuraba secretos de barcos hundidos y las rocas observaban, como custodios de la magia del lugar. Al fondo las nubes se precipitaban hacia el agua, como los recuerdos lo hacían hacia su oxidado corazón.
No había cambiado nada la playa desde que fue por primera vez. Las mismas lenguas de arena, el mismo ruido embotado en sus oídos e incluso se diría que las mismas personas. La temperatura era lo único agradable de ese momento.
Un pedazo de mar surgió de sus ojos y murió en su mejilla. Cogió aire y se le encogió el corazón. Recordó su mirada y su luz propia. Su sonrisa capaz de curar cualquier herida y su voz capaz de calmar su alma. Miró instintivamente a la derecha pero se topó con un muro de vacío. Ya no estaba. Se había ido. Y ya era hora de irse también.
Recogió sus cosas mientras los pedazos de mar de sus ojos se ahogaban en la arena. Comenzó a llover y él lo agradeció. No era el único, las nubes también lloraban su ausencia.